Void Hash (@0x17fx) me dice esto en X:
Gran puntualización. Concretamente, ayer terminé de escuchar el pod de @lunaticoin con Monje Malo y me dejó pensando cuando comentó que BTC no podía ser dinero por la no elasticidad de la oferta. Pero mover las neuronas me hizo llegar a la conclusión de que siempre pensamos en elasticidad hacia arriba, pero ¿porqué no pensamos hacia abajo?, cosa que Bitcoin permite y que se terminará de solucionar cuando tenga un valor mucho más elevado, y las pequeñas porciones tengan el valor suficiente como para representar valor, valga la redundancia. Lo que no he investigado es si existe la posibilidad de crear más porciones hacia abajo, no lo considero necesario, pero todo podría darse.
Esta es mi respuesta:
En el comentario de arriba se mezcla un poco la idea de la divisibilidad del dinero con la idea de la elasticidad de su oferta. En mi opinión, conviene separar bien estos conceptos. Más que nada porque suelen crear confusión y pueden conducir a conclusiones equivocadas.
Divisibilidad: el problema que Bitcoin resuelve mejor que el oro
La divisibilidad es una característica fundamental de cualquier bien monetario. Un buen dinero debe poder utilizarse tanto para grandes pagos como para pequeñas transacciones. En este punto, Bitcoin tiene una ventaja histórica enorme.
El oro fue durante siglos una de las mejores formas de dinero precisamente por sus propiedades monetarias: escasez, durabilidad, identificabilidad, coste de producción, dificultad para falsificarlo, etc. Pero tenía un problema práctico: su divisibilidad era limitada.
El oro podía dividirse. Pero solo hasta cierto punto. Cuando uno llega a cantidades muy pequeñas, aparecen problemas de medición, transporte, verificación y custodia. No es práctico pagar el café con limaduras de oro ni estar pesando microcantidades en cada transacción cotidiana.
Ese problema abrió la puerta al uso de sustitutos monetarios: certificados, billetes o depósitos que representaban una cantidad de oro custodiada en otro lugar.
Aquí el problema no es el sustituto en sí, sino el incentivo a emitir más sustitutos que oro disponible. Es decir, la tentación de crear medios fiduciarios sin respaldo. Ahí aparece uno de los grandes puntos débiles históricos del patrón oro: no el oro como dinero, sino los intermediarios que acabaron emitiendo promesas de oro por encima del oro realmente existente.
Bitcoin mejora esa situación de forma radical. Hoy, Bitcoin es divisible hasta ocho decimales (1 satoshi = 0,00000001 BTC).
Eso ya permite una divisibilidad enorme. Pero, además, Bitcoin puede funcionar en capas superiores. Por ejemplo, la Lightning Network de segunda capa (non custodial) permite mover valor de forma muy eficiente y llevar una contabilidad interna incluso en fracciones de satoshi —los llamados millisatoshis—, sin necesidad de crear sustitutos monetarios sin respaldo ni ceder la custodia.
Esta diferencia es clave.
Bitcoin necesita capas para escalar. Pero esas capas no tienen por qué implicar la creación de “bitcoin de papel” ni promesas fiduciarias emitidas sin respaldo. Pueden construirse de forma que los usuarios sigan teniendo capacidad de verificación, liquidación y salida hacia la capa base.
Dicho de otra manera: Bitcoin resuelve el problema de la divisibilidad sin reintroducir necesariamente el gran vector de ataque que terminó debilitando al patrón oro: la emisión fraudulenta de sustitutos monetarios.
¿Y si hiciera falta más divisibilidad?
A veces surge la pregunta: ¿qué ocurrirá si Bitcoin alcanza un valor tan alto que incluso un satoshi resulta demasiado valioso para ciertas transacciones?
La respuesta corta es que, si algún día fuese necesario, técnicamente podrían existir soluciones. Podrían desarrollarse mecanismos en capas superiores o incluso proponerse cambios de protocolo para aumentar la divisibilidad.
Pero lo más relevante es que no parece un problema urgente ni probablemente lo sea durante mucho tiempo. La combinación de suministro fijo, divisibilidad actual y soluciones de segunda capa ofrece un margen enorme.
Además, conviene entender algo: la divisibilidad no aumenta la cantidad de bitcoin. Dividir una pizza en más porciones no crea más pizza. Simplemente permite repartirla con más precisión.
Con Bitcoin ocurre lo mismo. Que podamos expresar cantidades cada vez más pequeñas no altera su escasez. Solo mejora su utilidad como medio de intercambio.
Elasticidad de la oferta: aquí empieza el verdadero debate
Otra cuestión distinta es la elasticidad de la oferta monetaria.
Cuando alguien dice que “Bitcoin no puede ser dinero porque su oferta es inelástica”, normalmente no está haciendo una afirmación técnica neutral. Está partiendo de una teoría monetaria concreta.
Está asumiendo que para que algo sea dinero, su oferta debe poder expandirse —o incluso contraerse— según las necesidades de la economía. Es decir, que debe existir algún mecanismo capaz de ajustar activamente la cantidad de dinero o de crédito en circulación, ya sea mediante una autoridad monetaria central o mediante un sistema bancario de reserva fraccionaria.
Esa visión suele encajar con corrientes económicas modernas como el keynesianismo, el monetarismo de la Escuela de Chicago o la MMT, aunque cada una lo formule y lo justifique de manera distinta. También puede aparecer en ciertas defensas del free banking con reserva fraccionaria, donde la elasticidad monetaria no depende necesariamente de un banco central, sino de la capacidad del sistema bancario para expandir el crédito. No son enfoques idénticos, ni conviene meterlos todos en el mismo saco, pero sí comparten una premisa general: la idea de que la oferta monetaria —o los medios de pago creados sobre ella— deben poder ajustarse a las necesidades de la economía.
Pero esa no es la única visión posible.
La Escuela Austriaca de Economía, por ejemplo, sostiene prácticamente lo contrario: que el mejor dinero es aquel cuya oferta no puede ser manipulada por políticos, bancos centrales o entidades privilegiadas.
Desde la perspectiva austriaca, la inelasticidad de Bitcoin no es un defecto. Es precisamente una de sus mayores virtudes.
Bitcoin tiene una política monetaria conocida de antemano. Su emisión está programada. Su oferta máxima está limitada a 21 millones de unidades. Nadie puede decidir mañana crear más bitcoin para rescatar a un sector, financiar un déficit, estimular artificialmente la demanda o tapar errores acumulados durante años.
Eso no es una debilidad.
Es una protección.
El problema no es Bitcoin, sino la teoría desde la que se juzga a Bitcoin
Por eso, cuando alguien afirma que Bitcoin no puede ser dinero porque su oferta no es elástica, quizá debería formularlo de una manera más honesta:
“Mi teoría monetaria es incompatible con Bitcoin”.
Eso sería mucho más preciso y permitiría abrir el debate monetario, en lugar de cerrarlo planteándolo como un hecho objetivo e indiscutible.
Porque Bitcoin sí puede ser entendido como dinero desde otras tradiciones económicas. De hecho, desde una visión de dinero fuerte, Bitcoin no solo puede ser dinero, sino que representa una mejora extraordinaria respecto a las formas monetarias anteriores.
La cuestión no es si Bitcoin encaja en las teorías monetarias que consideran necesaria una oferta elástica, ya sea mediante bancos centrales o mediante sistemas bancarios capaces de expandir el crédito sobre una base de reserva fraccionaria. La cuestión es si Bitcoin ofrece mejores propiedades monetarias: escasez verificable, resistencia a la manipulación, ausencia de emisores privilegiados y protección del ahorro a largo plazo. Y ahí el debate cambia por completo.
Elasticidad hacia abajo: una intuición interesante
También hay una reflexión interesante en pensar la elasticidad “hacia abajo”.
Normalmente, cuando se habla de elasticidad monetaria, se piensa en expandir la oferta: crear más unidades monetarias. Pero rara vez se piensa en la capacidad de un dinero para adaptarse mediante mayor divisibilidad.
Bitcoin no puede aumentar arbitrariamente su cantidad total, y esa es precisamente su fuerza. Pero sí permite que una cantidad fija de dinero sea cada vez más útil conforme aumenta su poder adquisitivo, porque puede dividirse en partes muy pequeñas.
Si aumenta el poder adquisitivo de Bitcoin, no necesitamos crear más unidades monetarias: podemos usar fracciones más pequeñas de las unidades existentes.
En un sistema fiduciario, cuando parece faltar dinero, la respuesta suele ser crear más unidades. En Bitcoin, la respuesta es utilizar mejor las unidades existentes.
Conclusión
La divisibilidad no es lo mismo que la elasticidad de la oferta.
Bitcoin es altamente divisible, puede escalar mediante capas y no necesita sustitutos monetarios sin respaldo para representar pequeñas cantidades de valor.
Esta es una diferencia fundamental frente a otros dineros de la historia. Cuando un bien monetario es muy escaso y sus unidades resultan poco divisibles para transacciones menores, puede surgir un problema de falta de moneda divisionaria o circulante en pequeñas denominaciones: no por insuficiencia de valor o poder adquisitivo general, sino por dificultades técnicas para fraccionarlo en unidades suficientemente pequeñas. Bitcoin evita ese problema porque una oferta estrictamente limitada puede expresarse en fracciones cada vez más pequeñas. No hace falta crear más bitcoin para que más personas puedan usarlo; basta con utilizar porciones menores.
Dicho de otra forma: Bitcoin combina escasez absoluta con divisibilidad extrema. Su cantidad total no se expande, pero su capacidad para representar valor a distintas escalas es extraordinariamente versátil.
Y respecto a su oferta inelástica, la crítica suele decir más sobre la teoría monetaria del crítico que sobre Bitcoin en sí.
Para quienes creen que el dinero debe poder adaptarse mediante expansión de la oferta, ya sea desde bancos centrales o mediante sistemas de reserva fraccionaria, Bitcoin resultará incómodo. Para quienes creen que el dinero debe estar protegido frente a la manipulación, la emisión privilegiada y la degradación del ahorro, Bitcoin es una innovación histórica.
No es que Bitcoin no pueda ser dinero porque su oferta no sea elástica. Es que Bitcoin propone algo mucho más radical: un dinero cuya oferta no puede ser manipulada, pero cuya divisibilidad le permite adaptarse a cualquier escala de intercambio.
A quienes necesitan controlar el dinero, Bitcoin les responde sin pedir permiso:
Bitcoin is Fuck You Money
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