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    Sobre el Teorema de Regresión y Bitcoin hay 3 posturas:

      Bitcoin incumple la teoría monetaria de Mises, por tanto no puede existir y es una alucinación.

      Como Bitcoin existe, en realidad sí cumplió el teorema aunque no lo parezca.

      El teorema es erróneo y no pasa nada

    Como vemos, @satoshihead dice que hay tres posturas acerca del teorema de la regresión. Yo creo que hay muchas más, pero eso es lo de menos. Lo que me incumbe, en este caso, es que en el siguiente post afirma que yo pertenezco al segundo grupo, en el que se defiende lo siguiente:

    Como Bitcoin existe, en realidad sí cumplió el teorema aunque no lo parezca.

    La verdad es que no me identifico nada con este planteamiento que me adjudica mi amigo @satoshihead. Por un lado quitaría el final: lo de “aunque no lo parezca”. Y, por otro, cambiaría totalmente la primera parte. ¿Por qué? Porque Bitcoin existe desde principios del año 2009 y su existencia no tiene absolutamente nada que ver con el teorema de la regresión del dinero.

    Solo una vez que comienza a ser usado como medio de intercambio, se puede relacionar a Bitcoin con el teorema de Mises y puede ser interpretado desde la teoría del intercambio indirecto. Es así de simple. El teorema no es ningún corsé para Bitcoin. Como decía en 2014 un austriaco defensor del oro como Salerno:

    La supervivencia o no de bitcoin y si el oro vuelve a recuperar la popularidad de los inversores y, eventualmente, su función monetaria tradicional son, por supuesto, cuestiones puramente empíricas, que no pueden resolverse con argumentos teóricos. Actualmente, ambos son bienes valiosos y ninguno puede considerarse dinero. Por lo tanto, los tediosos argumentos en la blogosfera que invocan el teorema de regresión de Ludwig von Mises son completamente irrelevantes para el tema. Ambos productos son bienes escasos, valorados por los consumidores y con un precio en el mercado. Por lo tanto, el teorema de regresión no impide que el bitcoin se monetice ni que el oro se vuelva a monetizar en caso de un colapso del dinero fíat o en previsión de este. Más bien, se trata de una cuestión de valoraciones y voliciones humanas que no están determinadas por leyes económicas.

    Recordatorios

    Voy a recordar aquí, para los que no estén familiarizados con todos estos asuntos, que un medio de intercambio es siempre un medio de intercambio indirecto:

    El cambio indirecto se distingue del cambio directo según se emplee o no un medio. … A puede adquirir un artículo p, no porque desee consumirlo, sino para cambiarlo por un segundo producto q, que es el que desea consumir. (Mises, 1912)

    El cambio interpersonal se denomina cambio indirecto cuando entre las mercancías y servicios que, en definitiva, los interesados pretenden canjear se interponen uno o más medios de intercambio. (Mises, 1949)

    Y, a riesgo de complicar las cosas, voy a recordar también que el “valor de cambio” es “la significación que adquieren para nosotros aquellos bienes que nos garantizan la satisfacción de necesidades de forma indirecta”. Y que, sin embargo, esto no implica intercambio indirecto. Yo tengo un bien y lo puedo consumir (valor de uso) o lo puedo cambiar (valor de cambio). Pero el segundo caso no implica el uso de un “medio de intercambio”, no es necesario un intermediario de los intercambios. El cambio es directo. Lo único indirecto aquí es la forma de satisfacer las necesidades.

    El uso de medios de intercambio es un paso evolutivo más avanzado. Implica el descubrimiento previo del intercambio indirecto, que es un método de intercambio contraintuitivo, porque supone adquirir determinados bienes que no se necesitan como la vía más rápida para conseguir aquellos que se necesitan.

    Así que debe quedar claro que el valor de cambio otorgado a un bien, por un lado, y el uso de un bien como medio de intercambio, por otro, son dos cosas completamente diferentes.

    De los Principios de 1871 a La teoría del dinero y del crédito de 1912

    Tras estos recordatorios, continuamos con lo que habíamos empezado. Como decíamos, una vez que Bitcoin es usado como medio de intercambio (e.g., en Silk Road), entonces sí, es posible interpretarlo desde el teorema de la regresión de Mises. Así que parece lógico que un bitcoiner se interese por lo que dice realmente ese teorema. Lo explicaré en ese apartado.

    En primer lugar, vamos a situar el teorema.

    En el período que va desde la publicación de Principios de Economía Política de Carl Menger en 1871 hasta la publicación de La teoría del dinero y del crédito de Ludwig von Mises en 1912, la incapacidad de los economistas para lograr integrar al dinero en la teoría subjetiva del valor y la utilidad marginal sin caer en razonamientos circulares creó un vacío teórico que favoreció el surgimiento de varias corrientes económicas sobre el origen, el valor y la función del dinero. Estas corrientes fueron muy perniciosas porque desviaron la comprensión del dinero como un bien emergente del mercado, y justificaron intervenciones estatales, manipulaciones monetarias y distorsiones económicas como la inflación crónica o los ciclos artificiales.

    Entre estas corrientes está la teoría estatal o chartalista del dinero, desarrollada principalmente por G. F. Knapp en su obra Teoría estatal del dinero (1905), con raíces en ideas previas del historicismo alemán y del mercantilismo. Knapp argumentaba que el dinero no surge de forma espontánea en el mercado, sino que es una creación del Estado que se impone mediante decretos legales. Desde esta corriente se defiende que el valor del dinero deriva del poder coercitivo del gobierno, no de su utilidad en intercambios voluntarios. El Estado "declara" qué es dinero mediante curso legal forzoso y su aceptación se basa en el orden jurídico, no en preferencias individuales o escasez. Esto implica que el dinero puede ser dinero-fíat (en lugar de dinero-mercancía) y que su oferta puede expandirse arbitrariamente. Esta teoría fomenta la ilusión de que el Estado puede controlar el valor del dinero indefinidamente, lo que justifica monopolios monetarios, emisión inflacionaria y deudas públicas insostenibles.

    También encontramos la teoría cuantitativa del dinero (mecanicista). Tiene sus raíces en economistas clásicos como D. Hume o J. S. Mill. Y es refinada en versiones modernas por I. Fisher y G. Cassel a finales del siglo XIX y principios del XX. Fisher, propuso la "ecuación de intercambio" (MV = PT, donde M es la oferta monetaria, V la velocidad, P el nivel de precios y T las transacciones). Bajo este planteamiento, el valor del dinero (su poder adquisitivo) es inversamente proporcional a su cantidad en circulación, asumiendo relaciones constantes y mecánicas similares a leyes físicas. Un aumento en la oferta monetaria elevaría proporcionalmente los precios sin afectar a la estructura productiva real a largo plazo. Se enfoca en agregados macroeconómicos y constantes cuantitativas, ignorando valoraciones subjetivas individuales. Esta corriente trata el dinero como si fuera neutral sobre la economía real (se subestima el efecto que el dinero provoca en precios relativos y estructuras de capital, efectos que no son uniformes). Y esto justifica políticas inflacionistas "controladas" por los bancos centrales (al asumir que no distorsionan las inversiones ni tienen efectos sobre la preferencia temporal). Esta visión mecanicista pavimentó el camino para intervencionismos posteriores, como el keynesianismo, al desviar el foco de la subjetividad.

    Y, por último, tenemos teorías objetivistas del valor del dinero (no subjetivistas), influenciadas por la Escuela Histórica Alemana (W. Roscher, G. Schmoller) y por la teoría del valor-trabajo (K. Marx). Para la Escuela Histórica Alemana valor del dinero no surge de intercambios voluntarios en el mercado, sino que está determinado por patrones históricos, instituciones culturales y evoluciones sociales. Y sus planteamientos condujeron a políticas proteccionistas en la Alemania del siglo XIX, como aranceles y regulaciones que priorizaban el "bien común" sobre la libertad de mercado. Por su parte, Marx describe el dinero como una mercancía (como el oro) cuyo valor intrínseco proviene del trabajo humano invertido en su extracción y circulación. Esta visión "objetiva" ignora la subjetividad de la demanda y la oferta, y se enfoca en estructuras de clase y explotación. Viendo al dinero como un instrumento de poder en manos de la burguesía, lo que justificaría la necesidad de una revolución proletaria para reestructurarlo. Al no anclar el valor en la utilidad marginal subjetiva, estas teorías abren la puerta a manipulaciones colectivistas o estatales, como planes socialistas que ignoran el rol del dinero en el cálculo económico. Fomentan visiones donde el dinero no es un bien de mercado, lo que justifica controles de precios, nacionalizaciones o inflaciones para "redistribuir" valor objetivo.

    Todas estas corrientes dominaron el debate económico y moldearon las políticas públicas, obstaculizando el desarrollo sano del dinero como una herramienta de intercambio voluntario. El teorema de la regresión de Mises cerró el vacío teórico que había dejado al dinero expuesto a la manipulación política durante más de cuatro décadas. Mises devolvió el dinero al ámbito del subjetivismo y desmontó las falacias de las alternativas propuestas. Sin embargo, ya era tarde: el poder político había interiorizado plenamente las ventajas que le ofrecía el dinero inflacionario.

    El teorema de la regresión

    Menger descubrió la teoría del valor subjetivo y la utilidad marginal. Y nos la ofreció en su libro Principios de Economía Política de 1871.

    La gran aportación de Menger fue continuada por su discípulo Böhm-Bawerk, ampliando su aplicación al ámbito de la teoría del capital y del interés. Entre otros grandes logros, Böhm-Bawerk estableció una teoría del interés basada en la preferencia temporal.

    Sin embargo, durante décadas nadie logró encajar el dinero en la teoría subjetiva del valor y de la utilidad marginal. Un razonamiento circular impedía que el dinero pudiera ser integrado en dicha teoría. El razonamiento era así de simple: se demanda dinero porque tiene poder adquisitivo, y tiene poder adquisitivo porque se demanda. Como hemos visto, esto permitió el desarrollo de diferentes teorías acerca del dinero, todas ellas nefastas.

    El mejor discípulo de Böhm-Bawerk fue Ludwig von Mises. Un historiador que se había hecho economista tras leer los Principios de Economía Política de Menger. En La teoría del dinero y del crédito de 1912, Ludwig von Mises resolvió el gran problema teórico del encaje del dinero en la teoría subjetiva del valor, evitando los razonamientos circulares.

    Antes de explicar el teorema, voy a citar unas palabras de la introducción de mi tesis doctoral (2025) que considero relevantes en este momento:

    En referencia a las obras de Mises, vaya por delante un consejo. Para poder entender en toda su dimensión estas obras no es suficiente con leerlas, es necesario estudiarlas. La mera lectura suele conducir a conclusiones precipitadas y erróneas (quien más quien menos ha pasado por esta circunstancia). El estudio en profundidad de Mises permite descubrir que detrás de cada una de sus frases hay un mundo de ideas exploradas hasta la extenuación por el autor. Estas ideas culminaron en su obra de madurez de 1949. Por ello, es completamente normal que a un lector novel se le escape la verdadera magnitud de sus ideas o las malinterprete. Así lo reconoce un miseano como Salerno (2024), pero también un crítico de Mises como Rallo. Este último nos decía en 2009 que cuando releía a Mises intentando encontrar sus fallos se daba cuenta de que la mayoría de las veces “las objeciones que había desarrollado contra sus argumentos ya las había tenido él en cuenta, analizado enteramente y refutado en unas pocas líneas”.

    Dicho esto, podemos comenzar con la explicación del teorema.

    El dinero es un bien sui generis. El resto de los bienes pueden ser valorados únicamente teniendo en cuenta la utilidad subjetiva que se aprecia en ellos. Sin embargo, el caso del dinero no es exactamente igual. Aunque su valoración descansa en apreciaciones subjetivas, esa valoración está inevitablemente condicionada por su poder adquisitivo. Por eso Mises trata al dinero como un caso particular dentro de la teoría subjetiva del valor.

    La aportación decisiva de Mises consiste en mostrar que el razonamiento circular según el cual “se demanda dinero porque tiene poder adquisitivo y tiene poder adquisitivo porque se demanda” era solo aparente. En su opinión, lo que se pretende averiguar es “qué determina el poder adquisitivo que el dinero tendrá en el futuro inmediato, en el instante más próximo”. Y considera que “tal poder adquisitivo depende del que el dinero tuvo en el pasado inmediato, en el instante que acaba de transcurrir”. Y esto le lleva a concluir que un poder adquisitivo y el otro son dos magnitudes distintas. Por lo tanto, no existiría ese razonamiento circular.

    Una vez que Mises solventa el círculo vicioso, sus críticos sostuvieron que recurrir al poder adquisitivo anterior era caer en una regresión infinita, pues siempre habría un poder adquisitivo previo. Mises demostró que cometían un nuevo error. No existe tal regresión infinita, puesto que conceptualmente tarde o temprano se llegaría al día en que el bien fue utilizado por primera vez como medio de intercambio. En ese momento, su valor ya no estaría apoyado en un inexistente poder adquisitivo monetario previo, sino únicamente en el valor que tuviera como bien no monetario. De esa manera, Mises descubre el origen del valor del dinero y los determinantes de su poder adquisitivo. Y, por fin, el dinero pudo ser integrado coherentemente en la teoría subjetiva del valor, como cualquier otro bien.

    No obstante, los críticos no se dieron por vencidos y alegaron que la teoría de Mises suponía explicar el valor de los servicios monetarios del dinero recurriendo a otros usos diferentes, por lo que no se aclararía el componente específicamente monetario del poder adquisitivo del dinero. Mises, una vez más, los saca de su error:

    La parte del valor del dinero que procede de sus servicios como medio de intercambio queda plenamente justificada por esos servicios monetarios y la consecuente demanda que de ellos se produce. (1949)

    En mi tesis doctoral, Bitcoin como dinero fuerte: una interpretación de Bitcoin a la luz de la Escuela Austriaca de Economía, desarrollo estos argumentos. Todo aquel que desee profundizar en este tema puede descargarla en el siguiente enlace: https://hdl.handle.net/10115/128557